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COMPETIR CON LA VANIDAD


   Existen dos tendencias claramente diferenciadas, tanto en escuelas como en entrenadores, una de ellas apuesta por eliminar la importancia competitiva, y centrarnos sobre todo en la diversión, el ocio y la participación de todos los jugadores por igual en los partidos de competición, olvidándonos del resultado; por otro lado tenemos la tendencia de escuelas y entrenadores claramente competitiva y resultadista, donde lo más importante son los resultados competitivos, y en base a ellos se miden los logros.    

  Si hablamos de escuelas de formación, con las primeras tendencias, perdemos los beneficios que nos puede dar la competición, y no educamos a los niños en lo que son los valores del deporte y con las otras, relegamos a un segundo plano objetivos que tienen muchísima más importancia que los resultados competitivos, además por supuesto de perder también aquí, todos los beneficios que nos puede ofrecer la competición.

       

  Debemos partir siempre de una filosofía claramente definida e innegociable: El objetivo principal es la evolución global continua y correcta del niño y del equipo, utilizando la competición como recurso pedagógico insustituible y necesario. Esto, aunque puede parecer lógico y normal, hay que llevarlo hasta las últimas consecuencias, y es ahí, donde debemos saber y poder defender nuestro método y nuestras decisiones de manera empírica, independientemente de los resultados deportivos en sí.  

  Esta filosofía nos llevará a tomar decisiones controvertidas de cara a los padres, directivas y compañeros que no comulguen con nuestras ideas, del mismo modo no podemos exigir o esperar que le resto de profesionales abracen nuestros ideales, mas bien debemos ser capaces con el tiempo de demostrar al resto, que nuestro método funciona.

A continuación mostraremos una serie de pautas de actuación fundamentales para comenzar a desarrollar nuestras ideas, e ir inculcándoselas a los niños.

  - Premiamos siempre el esfuerzo, el compromiso, la atención, la capacidad de autosuperación, etc.. por encima del resultado. Lo verdaderamente importante es el proceso de aprendizaje, asumir los errores como algo natural y tener paciencia para conseguir los éxitos.

  - Los goles no se celebran. El entrenador nunca debe celebrar los goles, y sí poner el énfasis en el pase anterior, en la recuperación del balón, o en la parte de la jugada que considere importante, restando importancia al gol en sí.

  - El resultado siempre que dependa de nosotros, debe ser ajustado, sin una diferencia de goles alta, unas veces ganando y otras perdiendo, en la que todos los jugadores tengan momentos de importancia dentro del equipo, en función de sus capacidades y aptitudes.

  - Es importante perder partidos, aunque tengamos que provocarlo nosotros, poniendo a jugar a niños menos competentes en posiciones de mayor requerimiento táctico o dándoles mayor tiempo de juego en situaciones de desventaja con respecto al rival, aprovechando para cambiarlos de sus posiciones habituales o añadiendo cualquier impedimento para facilitar que no se desequilibre el partido.     LEER ARTICULO COMPLETO EN WWW.ASIDRA/blog/


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